lunes, 24 de marzo de 2008

Blancanieves y los siete enanitos

Érase una vez una niña que vivía en un castillo porque sus padres eran los reyes de su país, el país Todoesposible. Su nombre era Blancanieves.
Sus padres un día se divorciaron, y al cabo del tiempo su padre se casó de nuevo con una rockera, madre de dos adolescentes.
Su madrastra siempre estaba de gira por el extranjero y apenas le prestaba atención, siempre pendiente de su grupo y de su vestuario. Y con sus hermanastros no se llevaba muy bien, porque siempre estaban intentando molestarla con sus travesuras. Su padre, aunque la quería muchísimo, no podía dedicarle todo el tiempo que quería porque tenía muchas obligaciones al ser el rey del país.
Así que Blancanieves un día se fue de marcha y conoció a un grupo de chicos a los que llamaban los siete enanitos, porque todos eran muy bajitos.
A su madrastra no le gustó que saliera con los niños, porque eran muy gamberros. Habló con Blancanieves para que cambiara de amistades pero, como cualquier joven de esa edad, era difícil de convencer y a Blancanieves no le gustaba enfadarse con sus amigos sólo porque se lo mandara su madrastra.
La madrastra decidió encantarla. Como sabía que le gustaban mucho las frutas a Blancanieves, le inyectó una poción a una pera.
Blancanieves cogió la pera y se la llevó para tomársela de camino a casa de uno de sus amigos. Blancanieves justo al llegar se desmayó y sus amigos que estaban allí reunidos llamaron al 061. A Blancanieves le hicieron un lavado de estómago y se curó. Blancanieves quedó totalmente enamorada del médico que la salvó.
La madrastra rockera fue a la cárcel, y Blancanieves se casó con el médico y a su boda asistieron sus amigos bajitos. Fue una boda preciosa que después de muchos años, aún se recuerda en el país Todoesposible.

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